08_2La crisis económica que inició en Estados Unidos fue para México uno de los peores momentos con fuerte impacto en la población. Una falta de estrategia de comunicación desde la Presidencia de la República fue lo que predominó al inicio de golpe financiero. El minimizar los riesgos y no tener toda la información para salir a dar declaraciones a los medios tuvo consecuencias para el titular de la Secretaría de Hacienda, al comparar el efecto como un “catarrito”, cuando al final el golpe fue mayor. La lección quedó, pero parece que aún no se ha aprendido correctamente.

No pasó mucho tiempo cuando finalmente las autoridades mexicanas tuvieron que salir a explicar cuál sería el impacto para México ante la crisis financiera que se vivía en Estados Unidos. Fue el entonces secretario de Hacienda, Agustín Carstens, quien respondió las preguntas de los representantes de los medios de información sobre ese tema, pero la respuesta no fue muy afortunada. Agustín Carstens comparó con un “catarrito” el impacto que tendría México ante la sacudida financiera que enfrentaba Estados Unidos, declaración que después tuvo que corregir y que le costaría fuertes críticas.

En menos de una semana, el mismo Agustín Carstens reconoció que la declaración que hizo fue a la ligera y que no había dimensionado la magnitud de la crisis financiera estadounidense, porque también no se tenía la información suficiente para hacerlo. Probablemente no solo Agustín Carstens tuvo dificultades para predecir la magnitud de la crisis en Estados Unidos y el impacto a nivel mundial, sin duda muchos economistas fallaron en sus pronósticos y las consecuencias todavía se están pagando.

Regresando a México, queda la interrogante si debió responder el secretario de Hacienda a las interrogantes de los representantes de los medios de información en entrevistas banqueteras. La respuesta a esto es clara, faltó estrategia del gobierno para comunicar lo que veían en el ambiente económico. Una estrategia de gabinete y no sólo dejar la responsabilidad a una dependencia, que si bien es la encargada de vigilar el desempeño de la economía, también recibe instrucciones de la Presidencia de la República.

Agustín Carstens reconoció que la declaración que hizo fue a la ligera y que no había dimensionado la magnitud de la crisis financiera estadounidense

El problema es que no era la primera vez que sucedía este escenario a un funcionario del gabinete, ya se habían dado en otros temas situaciones parecidas, tanto en el ambiente político y de seguridad, como en el ambiente económico.

Sin duda la magnitud de la crisis tomó por sorpresa a la actual administración y es claro que no hubo una estrategia para comunicar la situación que tenía la economía mexicana ante la crisis que crecía en Estados Unidos.

Lo cierto es que entre las justificaciones que daba el secretario de Hacienda para reforzar la idea de que México solo tendría un catarrito, se expusieron fortalezas que antes no tenía el país en materia financiera y que efectivamente hacían una gran diferencia en la forma en que afectaría la crisis estadounidense al país.

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Sin embargo, el mensaje quedó rebasado, una vez que el contagio financiero llegaba a otras naciones y que cada día se tenían noticias negativas sobre la magnitud del hoyo financiero que se abrió en el mercado de Estados Unidos. El contagio llegó rápidamente a Europa y algunas naciones asiáticas. Las noticias cada día se hacían más negativas y comenzó el efecto dominó en México con una reducción de inversión, pérdida de empleos y consecuentemente caída en el Producto Interno Bruto (PIB).

Así, que el “catarrito” que pronosticó Agustín Carstens, secretario de Hacienda, se convirtió rápidamente en una “pulmonía” para la economía nacional con un efecto recesivo de magnitudes similares, en cuanto a caída del producto, a lo que vivió el país en la crisis de los 90.

No obstante, en algo tenía razón la Secretaría de Hacienda y su titular, México ya había aprendido varias lecciones y se había convertido en un experto en el manejo de las crisis económicas y financiaras, además de que la causa no fue interna, era una contaminación externa y que provenía del principal socio comercial del país.

El tema del “catarrito” marcó también un cambio en la estrategia de comunicación de las autoridades y era claro que ahora, tanto en el sector financiero, como en el gabinete político, se evitaban las comparaciones con temas de enfermedades. Incluso al interior de la Secretaría de Hacienda, el área de comunicación solicitó a todos los funcionarios que evitaran hacer comparaciones como las que hizo en su momento el titular de la dependencia y buscaron acercarse a los medios de comunicación para reducir al mínimo el tema del “catarrito”.

Pero volvemos al mismo problema, un tema tan delicado debió atenderse con un frente común en el gabinete económico, designando a un vocero y resaltando las fortalezas que tiene la economía nacional frente a otras crisis económicas y financieras y lo más importante no minimizar el impacto si todavía no se tenía toda la información para determinar si efectivamente sería una crisis menor o no se sabía qué magnitud alcanzaría.

Aunque parece que la lección solo quedó a medias, todavía se cometen errores similares de parte de los funcionarios y el ejemplo más reciente vuelve a caer en el secretario de Hacienda, ahora con Ernesto Cordero, quien también busca la presidencia de la República en las próximas elecciones.

Parece que a nuestros funcionarios se les olvida que no toda la población sabe de términos económicos y se ha reducido la sensibilidad. Es cierto, que las decisiones las toman inversionistas y empresarios que tienen un mayor nivel de preparación sobre el ambiente y los temas económicos, pero también es cierto que quien recibe los golpes más fuertes sobre decisiones mal tomadas es la población que está en la clase media y la más pobre, quienes no tienen ese nivel de instrucción para entender que las estadísticas van por buen camino, porque este nivel de población, que llega a ser la mayoría, vive la economía del día a día.

México sin duda pasó rápido la crisis económica mundial, terminó con velocidad un periodo recesivo y está recuperándose, pero definitivamente no fue un “catarrito” el que tuvo que enfrentar y queda pendiente afinar una estrategia de comunicación en el gobierno federal, lección que puede repetirse en cualquier momento.